
Durante este encuentro, cada estudiante recibió su Biblia, un regalo que los invita a descubrir en sus páginas la historia de un Dios que acompaña, habla y se hace cercano.
La celebración fue también una oportunidad para encontrarnos como comunidad y compartir en familia. Juntos, estudiantes y familiares decoraron una bolsa de tela que será el estuche para guardar la Biblia y acompañarla en este nuevo camino.
Cada detalle realizado con sus propias manos hizo de este momento una experiencia significativa: una manera sencilla y cercana de expresar que la fe también se construye en familia, en comunidad y a través de pequeños gestos que dejan huella.
Desde nuestro espíritu marista, celebramos estos espacios que nos permiten educar desde la fe, acompañar con cercanía y ayudar a cada niño y niña a descubrir la presencia de Dios en su vida cotidiana.
Que esta Palabra recibida hoy los acompañe siempre, ilumine sus caminos y sea una invitación a seguir creciendo en el encuentro con Jesús y con los demás.
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