
Salir al encuentro, compartir lo que somos y dejarnos enseñar por otros. Con ese espíritu, nuestros estudiantes de 5.º año llevaron adelante una misión en Santiago del Estero, una oportunidad para acercarse a otras realidades y construir vínculos desde la sencillez y la presencia.
Durante la experiencia, compartieron distintas propuestas con los niños y niñas de Esperanza y de otra comunidad educativa. Organizaron juegos y actividades didácticas para acompañar el aprendizaje de hábitos cotidianos, como lavarse las manos, cepillarse los dientes y atarse los cordones. Cada propuesta fue una ocasión para aprender jugando, ayudarse y disfrutar juntos.

La misión también abrió las puertas al encuentro con una familia en su hogar. Allí, compartir la vida tomó formas sencillas y concretas: conversar, aprender a preparar tortilla santiagueña y conocer las costumbres del lugar. El baile y el folklore también fueron parte de estos momentos de intercambio y alegría.

Para nuestra comunidad marista, la solidaridad se aprende y se vive en el vínculo con los demás: escuchando, compartiendo tiempo y reconociendo todo lo que cada persona tiene para ofrecer. Esta misión permitió a los estudiantes poner en práctica ese modo de estar cerca y descubrir que el encuentro nos enriquece a todos.
Una experiencia que nos invita a seguir construyendo una comunidad comprometida, capaz de salir al encuentro y hacer del espíritu de familia una forma de vivir.
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